Querida familia:

Antes de empezar, quiero mandar un saludo a Montse y a Gonzalo, que hace mucho tiempo  decidieron vivir su vida de forma similar a como la vivo yo aquí… aunque un poco más cerquita de León. Os recuerdo muy a menudo y con mucho cariño. A mi Stalin le encantaría conocer a esa nueva generación de gatitas negras, jijiji…

Hablando de gatos y bichos en general, un día de esta semana, al llegar a casa, vi una bola peluda de color rubio que huía por el camino. Jochimín y Stalin tardaron una hora en aparecer por casa, así que deduzco que el que huía es el gato (o gata) del vecino que vino a hacer nuevos amigos, o enemigos…o directamente a zamparse la comida de los otros dos.  También he pillado in fraganti a un perrucho pequeño y a otro grande que vienen a gorronear para horror de mis mininos, que se suben al tejado más erizados que un puercoespín, y también estos días he visto pisadas de zorro  en la entrada.  Todo esto unido a las aves que merodean en el campo, el pudú que siempre piensa que no lo vemos (o que nosotros siempre pensamos que no nos ve) y a una cantidad generosa de insectos que, pese a ser invierno, se pasan a visitarnos. Como este díptero rarísimo e inmenso que estaba apoyado en la puerta de entrada:

díptero

díptero

El 8 de agosto se celebró en Chile el día del niño. La ONU estableció este día en el 20 de noviembre, y en España se celebra en abril o mayo…pero aquí es el segundo domingo de agosto. Como en tantas otras “fechas señaladas”, lo que hace la mayoría de la gente es comprarle un regalo a los pequeños de la casa, para regocijo de  los susodichos y también de los comercios, que hacen su agosto, y nunca mejor dicho. Al ser algo ajeno a mi matriz cultural (en España nunca ví que se conmemorara especialmente), me sorprendió mucho ver la importancia de la celebración. En el colegio de Patricio les dijeron que el viernes podían ir disfrazados, y (por supuesto) ese día hicieron un fiestorro en el aula con abundante baile, comida y bebida. Las profes avisaron el día antes, y tuve que improvisarle a Patricio un disfraz de gato, con el que finalmente iba encantado aunque le quedaba un poco pequeño :)

 

 

 

miau al cuadrado

miau al cuadrado

El mismo día de la fiesta de Patricio, tuve que viajar a Puerto Montt a una reunión. Puerto Montt es una ciudad grande que está en el continente, a unas cuatro horas en autobús desde Castro (transbordador incluído). En esta ocasión no llevé la cámara, pero cuando empiece a hacer buen tiempo tomaré fotos para colgarlas en la web.  Siguiendo con lo del día del niño, el sábado estuve con toda la tropa  ”la Brújula del Cuerpo”  (una cafetería del centro donde hay un pequeño espacio reservado para ellos, con piscina de bolas y un par de colchonetas) . Se comieron un completo, y después fuimos a pasear por Castro. Estuvimos en uno de los magros y destartalados parques públicos que hay en la zona del puerto, a la que no voy habitualmente, así que aproveché para hacer fotos:

 

Playa (fijáos en la mariscadora)

Playa (fijáos en la mariscadora)

 

 

 

La mariscadora y dos quiltros

La mariscadora y dos quiltros

Marea baja

Marea baja

Estuvimos también en una plaza (muy cerca del hotel Unicornio Azul) en la que hay unas máquinas de tren (locomóviles, se llamaban). Los turistas siempre se hacen fotos junto a ellas, y aunque yo nunca he querido hacerlo (quizá porque no me considero turista) siempre he pensado que a mi hermano Jose (fanático de los trenes) le gustaría conocerlas.

Plaza de los trenes

Plaza de los trenes

Cartel colocado en una de las máquinas

Cartel colocado en una de las máquinas

Estos trenes de trocha angosta (vía estrecha) llevaron la madera de los aserraderos entre Castro y Ancud desde finales del siglo XIX hasta el 22 de mayo de 1960, cuando el maremoto destruyó la red ferroviaria, que no se reconstruyó. Tardaban 10 horas en completar el recorrido que hoy se hace en una hora en coche. 

Ese mismo día me hicieron un regalo en el mercado de Lillo, que está al lado de los trenes y que es el lugar donde está la artesanía chilota para los turistas: una cestita de quilineja. La quilineja (Luzuriaga radicans) crece en los troncos de los árboles (es trepadora) y sus fibras  son súper resistentes. Me recuerda a una bolsita que me trajo mi amigo Eloy de la selva amazónica, que estaba hecha con otra planta de características similares. Los utensilios hechos con este tipo de plantas son tan resistentes que en ellas se pueden llevar muchos kilos de papas, leña, etc. A la quilineja también la llaman coral del bosque porque tiene unos frutos rojos y redondos muy llamativos.

tralaralalita, mi cestita

tralaralalita, mi cestita

 Y con est0 me despido por el momento. Siento la parquedad…estos dias ando liada… pero muy contenta. Un beso para tod@s.