Querida familia:

El año pasado fui bastante explícita en lo que a la descripción de los festejos patrios se refiere. Supongo que la novedad que suponía en mi vida, unida al hecho de que el bicentenario de la independencia llevó al paroxismo a los ya chauvinistas hermanos chilenos, me provocaron muchas ganas de indagar y de transmitíroslo.

Este año ha sido diferente…probablemente porque desde los primeros días del mes entré en un proceso introspectivo bastante fuerte del cual, para vuestra desgracia, os he mantenido bien informados, jajaja!

Veamos: como novedad dieciochera, este año no me quedó más remedio que vestir a Patricio de hueso (EDITO: de huAso, No de hueso, jajajaja! Gracias Cris!), tal era la ilusión que le hacía a él. Parece que el proceso de chilenización está surtiendo efecto…(o las simples ganas de ir disfrazado igual que sus compañeros)…Con el término huaso se designa a los campesinos de la zona centro-sur, y por extensión, a aquellos que bailan cueca ataviados con el traje típico, aunque obviamente esta indumentaria ha ido variando con el paso de los años y por supuesto, no es la misma que originalmente se utilizaba para trabajar.  En Chiloé no se ha utilizado nunca este traje, hasta lo que yo sé, sino que la vestimenta de trabajo del chilote tiene más que ver con prendas de lana. Sin embargo, algunos chilotes en las fiestas también se colocan el traje de huaso. También la cueca (el baile nacional por  decreto pinochetista en el año 79) es diferente en el archipiélago.

Este año, como todos los años, los chilenos celebran con la alegría del que no tiene nada que perder, y pese a todo…qué tanto! Al fin y al cabo, más de 200 años sin agachar el moño frente a un rey son dignos de celebrar, al menos yo lo haría. Y sí, tienen la cagá con el gobierno, y sí, aún queda mucho por hacer…pero me he dado cuenta que no todo está perdido, que los que vienen por detrás de nosotros traen sangre joven a la lucha. Y si en algún momento alguien levanta un vaso de “terremoto” (vino con helado de piña, riéndose hasta de su sombra), o de chicha, o de vino, y me mira desafiante y me dice que en mi país hay más bienestar pero menos libertad, a mí sólo me queda sonreír, y brindar por él, por todos los chilenos, y por qué no, por Chile, el país que me acoge en su regazo desde hace casi dos años.

También me dijeron que con el 18 se venía la primavera…obviamente, después de tanto invierno, mi corazoncito congelado no lo escuchó. Pero parece que era cierto, y este fin de semana largo ha brillado el sol, tanto que la hierba ha empezado a crecer porque la temperatura supera los 10 grados más de 4 horas al día…mis corderos me dan lecciones de vida a diario, y al lado del galpón hay una fiesta perpetua de pájaros, que han roto alegremente el equilibrio ecológico porque se dedican a robar sin pudor el grano que le doy a las ovejas. Me da la sensación de estar manteniendo a toda la población ornitológica de 6 hectáreas a la redonda. Aunque, egoístamente, escuchar esa explosión de alegría cuando subo al galpón me gusta mucho…Fundamentalmente veo orondos tordos, jilgueros y pechitos amarillos…aunque un amigo me dijo que a su galpón llegan hasta pájaros carpinteros de tamaño considerable.

También me ha ayudado a salir de mí misma (o a entrar en lugares que había abandonado) el hecho de que la semana pasada, medio por azar y medio intencionadamente, retomé una actividad que formaba parte de mi vida cotidiana cuando vivía en España: tomar cafés. No el nescafé que me despierta cuando me siento tras el escritorio de la oficina en la mañana, no el tarro de café que amablemente me ofrecen los productores cuando los visito, no el café de la sobremesa hogareña. Hablo de ese café que te tomas con esas personas que no forman parte de tu círculo familiar ni laboral, de ese salir de lo cotidiano y escuchar un argumento diferente, una opinión sorprendente, una risa fresca. Sin ánimo de menospreciar mi cotidianeidad, que en cierto modo elegí y que conforma lo esencial de mis días,  encontrarme con dos grandes personas me ha llenado en estos días de alegría y de vientos de cambio.

Por lo tanto, gracias querido tocayo, por empatizar, por aceptarme como “chuleta adoptiva”, por hablarme acerca del vino de honor y contarme (en calidad de chilote) por qué los chilotes no comulgan excesivamente con el chauvinismo patrio. Y gracias a tí también, primer chileno que conozco que no endulza el café ni el té, porque a tí te sobra dulzura y por devolverme la Revolución metida en el crisol de la juventud, de tu juventud.

Nos seguiremos juntando, sin duda alguna, siempre y cuando la vida nos lo permita.

Como sabéis, otro acontecimiento ha venido a hacer de nuestro septiembre un motivo más de alegría. Patricio cumplió 7 años el día 20 y lo hemos celebrado, como siempre, con los niños. Este año no tuve humor para hacer yo la torta, lo cual fue un detalle menor para estos pequeños salvajes que disfrutaron los primeros rayos de sol de la primavera adelantada como plantitas asombradas. Plantitas, por lo demás, muy móviles, que por no variar se embarraron hasta las orejas y arrasaron con todos los víveres básicos de un mes. Los corderos les producen una fascinación primigenia que me hace entender cómo fue el comienzo del proceso de domesticación del ovino; sin duda algún corderito guacho tras una cacería de muflón comenzó a ser objeto de la simpatía de algún niño, y la mamá de aquel niño decidió amamantarlo junto con su última guagua para que pudiera sobrevivir. Menos mal que no soy una mujer de las cavernas, que estos corderitos no están guachos y que las ovejas ya son una especie doméstica (bueno, las mías no tanto).

Patricio me dijo, al final del día, que había sido el mejor cumpleaños de su vida. Probablemente es lo mismo que siente cada año, pero el hecho de que me lo diga me alegra el corazón y me reafirma en que tomé la decisión correcta cuando, hace dos años, lo subí sin preguntarle mucho en aquel pájaro gigantesco para traerlo conmigo a este rincón del mundo. El martes por la mañana se le cayó otro de los dientes de arriba y ahora su sonrisa es aún más graciosa…el miércoles por la mañana descubrió con alivio que el ratón Pérez había escapado otra vez de las garras del Jochimín y le había dejado un autito bajo la almohada :)

Aprovechando el buen tiempo celebramos todo junto: cumpleaños, 18 y llegada de la primavera…ninguna de las tres cosas exactamente en su fecha…pero qué más da! Hizo un tiempo precioso y además mi vecino el pudú (el mismo del año pasado, ¿os acordáis?) compartió con nosotros gran parte de la tarde (y no, NO nos comimos al pudú…Sol (e) y compañía, un respeto a la fauna salvaje amenazada, please!!!). El único contratiempo fue que entre mis nebulosas mentales, pobladas de ovejas, tareas pendientes y canciones se me olvidó descongelar carne de vacuno…con gran regocijo por parte de los niños, que adoran el pollo a la parrilla…y las vienesas (puaj!). Y pese a estar “de servicio” y no poder emborracharme, me bajé sin mucha ayuda una botella de chicha de uva muy ad hoc…

También esta semana he vuelto a visitar a mis queridos amigos, esos que gustan de mantener su intimidad, esos que que me abrieron las puertas de su casa y de su vida desde el primer día.  Me regalaron unos huevos, algunos  de gallina araucana (tienen la cáscara verde) y otros de pava, enormes y exquisitos, y unas lechuguitas para el invernadero.

En cuanto a los aspectos logístico-hogareños, el sol nos dio el impulso necesario para sembrar unas hileras de papas, habas y arvejas, no tantas como el año pasado…(siembra responsable, lo he bautizado). Los ajos ya están muy grandes y a salvo de eventuales ataques ovinos, las yemas de los frutales van a reventar en cualquier momento. En general, el campo despierta de su letargo, y yo también.  Y aunque ya se va el frío, tomé la decisión tanto tiempo postergada y cambié las tres toneladas de frazadas (mantas) de la cama por un plumón (edredón) de plumas de ganso, blanco prístino, que se sumó al que ya tenía, de color violeta. Las mantas son preciosas, pero doy fe que bajo 500 gramos  de fáneras de angelito se duerme mejor que bajo 10 kg de esas nutridas mantas chilotas de las que hablaba Skármeta en El Cartero de Neruda.

Quizá mi pluma no está tan nutrida en estos días…por favor, si tienen alguna duda, pregunten…y como siempre responderé gustosa.

Mientras termino estas líneas, los cabros marchan de nuevo por las calles de Castro. Cuando los escucho vuelvo a entender por qué Martí decía que la juventud debe ejercitar los derechos que ha de realizar y transmitir después. En este momento confío más en esos cabros que en cualquiera de los actores políticos del país.

Besos para todas!!!! (y todos). Y por falta de tiempo, que no por flojera, las fotos van al final.

Jochimín retratado por Patricio

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Con el pico en la mano...huy perdón! En Chile se dice azadón :D

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El trabajo infantil sigue siendo una lacra en todo el planeta y hay que luchar para erradicarlo, o al menos eso opina mi heredero

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ajito chilote

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Huaso de León...se supone que tendría que llevar botas con espuelas y no zapatillas de casa, puristas abstenerse de comentar!!! ^_^

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7 primaveras ^_^

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Cuando tenga 14 ya no me dejará hacer estas cosas...

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El pudú que, repito, NO nos comimos :D

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