Historia de un sueño valseado

Una plantita que me regalaron, en mi escritorio. la riego los lunes, como hacía María en el Departamento

La casita del títere, con camión estacionado en la puerta incluído (por favor no se fijen en los mocos del constructor)









O al menos, eso es lo que me dice siempre una persona que me quiere mucho, citando a Shakespeare.
Esta página se gestó en la imaginación de mi amiga del alma y pese a mis reticencias iniciales, ha salido adelante. Fue un hermoso regalo de cumpleaños por parte de ella y de su compañero. Que esto continúe depende de mí, y que sea una conversación y no un monólogo, de vosotr@s.
A modo de comienzo, os comparto una cita de Marcela Serrano, que saqué de El albergue de las mujeres tristes hace años, y que he atesorado pacientemente en en mi corazón a la espera de la llegada de estos días.
“Aquí en Chiloé, en su paz helada y su dura contienda con la tierra, se encuentra un trozo de Chile, casi ajeno a ese nombre y a lo que su bandera significa hoy, distante de ese pomposo despertar del subdesarrollo, esa prosperidad pagada de sí misma que a los isleños no los alcanza. Y si mi bandera ha de ser ésta, me siento más cercana a sus espacios de tierra sureña, pobre y desolada, que a aquellos del norte donde tantas veces la exclusión me barre la cara, recordándome mi espiritu un poco errático”.
A una semana de partir, comienza el Viaje.
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